Defensa de la lactancia materna: ¿realidad o ficción?

Ha llegado el momento de reflexionar. Pensando en aquellos momentos de querer y no poder amamantar a mi hijo me asalta una pregunta: ¿Somos las mujeres libres para decidir amamantar a nuestros hijos?

 

Para poder contestar a esto tenemos que definir qué se entiende por libertad, recurro a la Real Academia Española de la lengua y me quedo con las cinco primeras acepciones:

libertad.

 

(Del lat. libertas, -ātis).

 

    1. f. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.

 

    1. f. Estado o condición de quien no es esclavo.

 

    1. f. Estado de quien no está preso.

 

    1. f. Falta de sujeción y subordinación. A los jóvenes los pierde la libertad.

 

  1. f. Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres.

 

La verdad es que empezamos mal con esto de que es una “facultad natural que tiene el hombre”. Pero vamos a dejar las consideraciones lingüísticas para otra ocasión y vamos a los conceptos que se manejan:

 

    • Obrar de una manera u otra, o no obrar.

 

    • Responsabilidad ante los actos.

 

    • Quien no es esclavo.

 

    • Quien no está preso

 

    • Falta de sujeción y subordinación.

 

  • Facultad de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres. Claro que esto último es “en naciones bien gobernadas”. Las consideraciones políticas igual también es mejor dejarlas para otro momento.

 

La lactancia materna es el non plus ultra en cuanto a la alimentación de los recién nacidos: al margen de la infinidad de estudios y organizaciones que avalan este tema, como la OMS, por ejemplo, la verdad es que a poco que se piense es algo bastante lógico. Si somos mamíferos es sencillo llegar a la conclusión de que lo que habrá que darle a la cría para comer será la leche que la madre produce: si lo hacen el resto de mamíferos ¿por qué en nuestro caso habría de ser diferente? ¿Porque nuestra especie es capaz de crear un sucedáneo hemos de suponer que por definición es mejor eso que lo que la naturaleza crea? Mmmm… Esa suposición se me antoja, como poco, osada.

 

La cuestión es que el desarrollo industrial de la lactancia artificial se ha fundamentado en la “liberación” de la mujer para poder incorporarse al mercado de trabajo y en la obtención de pingües beneficios económicos para los dueños de la industria, como no podía ser de otra manera.

 

Desde que comenzó sobre el 1800 hasta el día de hoy contamos con más de dos siglos de desarrollo de una industria donde se manejan grandes intereses económicos. Para que os hagáis una idea mi hijo se comió durante sus primeros 7 meses y medio de vida 1588,32€ de leche hidrolizada y unos 495 euros de leche artificial “estándar” durante los meses restantes. Para las compañías que producen leche artificial que mi lactancia se haya ido al traste les ha supuesto unos ingresos curiosos que si hubiera ido bien no hubieran percibido.

 

Las instituciones, conscientes de estos intereses que inclinan la balanza hacia la lactancia artificial, promulgaron el Real Decreto 867/2008, de 23 de mayo, por el que se aprueba la reglamentación técnicosanitaria específica de los preparados para lactantes y de los preparados de continuación.

 

En el punto 4 del artículo 9 “se prohíbe a los fabricantes o distribuidores de preparados para lactantes proporcionar al público en general, a las mujeres embarazadas, madres o miembros de su familias, productos por debajo del precio de coste o por precio simbólico, muestras ni ningún otro obsequio de promoción, ya sea directa o indirectamente a través de los servicios sanitarios o del personal sanitario”.

 

En el punto 2 del artículo 10 se dice lo siguiente:

 

Las Administraciones sanitarias velarán para que el material informativo y educativo, escrito o audiovisual, relativo a la alimentación de los lactantes y destinado a las mujeres embarazadas y a las madres de lactantes y de 25124 Viernes 30 mayo 2008 BOE núm. 131 niños de corta edad, incluya informaciones claras sobre los puntos siguientes:

 

    1. a) Ventajas y superioridad de la lactancia materna.

 

    1. b) Nutrición materna y forma de prepararse para la lactancia materna.

 

    1. c) Posible efecto negativo de la alimentación parcial con biberón sobre la lactancia materna.

 

    1. d) Dificultad de rectificar la decisión de no amamantar.

 

  1. e) En su caso, el empleo adecuado de los preparados para lactantes.

 

Cuando dichos materiales contengan informaciones sobre el empleo de preparados para lactantes incluirán las consecuencias sociales y financieras de su empleo; los riesgos para la salud derivados de alimentos inadecuados o de métodos de alimentación y, en particular, los riesgos para la salud derivados del inadecuado empleo de los preparados para lactantes. Tales materiales no utilizarán ninguna imagen que pueda idealizar el empleo de los preparados para lactantes.

 

Y curiosamente el punto 2 del artículo 11 dice que “las Administraciones sanitarias velarán para que las donaciones o ventas a bajo precio, de partidas de preparados para lactantes a instituciones u organizaciones, para su utilización en éstas o para su distribución fuera de ellas, sólo se destinen o distribuyan a lactantes que hayan de ser alimentados con estos preparados y únicamente durante el periodo que dichos lactantes lo requieran.

 

Todo de lo más interesante, la verdad. Una lee esto antes de llegar a la lactancia y piensa: puedo elegir libremente porque las instituciones me apoyan y la balanza entre los intereses comerciales y los sanitarios se equilibra.

 

Y llegas al hospital y ves carteles que forran las paredes diciendo que es un hospital amigo de los niños y que cumplen el decálogo para la obtención de una lactancia materna feliz.

 

Según te ponen a tu hijo encima te das cuenta de la gran farsa que todos esos carteles y esos reales decretos suponen: porque ante cualquier pregunta, ante cualquier dificultad la solución es siempre la misma: una jeringuilla o un biberón con leche artificial aunque según el Real Decreto anteriormente mencionado no deberían hacerlo.

 

Y entonces yo me pregunto: si realmente apoyan la lactancia materna ¿no deberían hablarte del agarre espontáneo? ¿no deberían observar si el enganche es correcto? ¿no podrían hablarte de cómo evitar las grietas y cómo lograr subsanarlas? ¿no deberían contarte las dificultades que puede que encuentres en el camino y darte consejos para superarlas? ¿no deberían decirte que amamantar no debe doler y que si duele algo no está yendo bien? Pero no: es mejor dar biberones a padres agotados, a madres doloridas y a bebés que lloran tal vez porque simplemente tienen que adaptarse a la vida.

 

Cuando piensas que ya has superado el trance del hospital y estás en casa a tu aire llega la fiesta de las visitas pediátricas y los consabidos percentiles: y como no cumpla las expectativas del pediatra ya sabes lo que toca: biberones. El biberón parece el santo grial del sistema sanitario neonatal, la solución de todos los males, la panacea universal.

 

Me dijo una doctora muy maja que se llama Teresa Escudero una frase que se me quedó grabada ante mis dudas por la recomendación insistente y exclusiva de los biberones como la solución única a los problemas con la lactancia que estábamos teniendo: “lo que pasa es que los pediatras manejan muy mal la incertidumbre.”

 

Si el bebé no engorda y está tomando pecho el pediatra es incapaz de valorar dónde se encuentra el problema, y como no controla de forma clara la cantidad de alimento que ingiere, la solución es pasar al biberón. (Este punto es el que me hizo a mí desear tener unas tetas transparentes y con las marcas de las medidas puestas, a modo de biberones incrustados en el cuerpo, para que me dejaran de dar la turra.)

 

Tenemos un sistema sanitario que mayoritariamente y a la primera de cambio, de una forma u otra, y más tarde o más temprano, te recomienda el uso de la leche artificial. Un sistema que aunque de boquilla y en teoría apoya la lactancia materna, en la práctica no proporciona ni la formación apropiada a los sanitarios para que puedan apoyar la lactancia materna, ni la información para que las madres, ante las diversas dificultades logremos superarlas.

 

Entonces vuelvo a formular la pregunta: ¿somos libres para decidir amamantar? Mi conclusión es que somos libres para tomar cualquier decisión. Pero otra cosa es que nos vayan a facilitar realmente el camino para conseguirlo, digan lo que digan.